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Ahora Caracas puede soportar un terremoto como el de 1967
Caracas, 29 de julio de 2009
Noticia Hace 42 años, Caracas fue parcialmente devastada por un terremoto que sacudió no sólo los cimientos estructurales de la ciudad sino la concepción subestimada que se tenía de los movimientos terrestres y sus potenciales consecuencias.

Los códigos y normas para la construcción en la Venezuela de 1967 mostraban una serie de limitaciones en el área de la ingeniería sismorresistente, especializada en el diseño de estructuras capaces de tolerar sismos de diversa intensidad, y la mayoría de los proyectos civiles presentaban altos niveles de vulnerabilidad.



Fue a partir de ese terremoto que se marcó el antes y el después en el desarrollo de estudios profundos sobre las características del suelo y los efectos de su constante actividad, para lo cual nació la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), en 1972.

Desde entonces, se activó un trabajo de monitoreo constante que ha registrado importantes progresos, especialmente a partir del año 1999, cuando la optimización del sistema alcanzó su máxima expresión mediante la modernización de la red de estaciones de medición sísmica.

De acuerdo con el presidente de Funvisis, Francisco Garcés, Venezuela dio un salto considerable en el año 2002, al cambiar su precario y limitado sistema por la mejor red de América Latina, instalada para medir con precisión el movimiento del suelo registrado a través de ondas sísmicas o liberaciones bruscas de energías provenientes del interior de la tierra.

"El terremoto del 67 nos hizo entender que nuestros métodos de diseño debían ser mejorados y que era necesario incorporar nuevas técnicas de ingeniería sismorresistente acordes a las prácticas constructivas de Venezuela", dijo en entrevista exclusiva con la Agencia Bolivariana de Noticias.

"Lo que en ese momento era desconocido tuvo un efecto implacable y demoledor; hoy, en cambio, conocemos las propiedades de nuestro suelo por lo que un evento sísmico de esa naturaleza no debería traducirse en el escenario de hace 42 años".

Ingeniería que salva vidas

Las ciudades crecen y en proporción directa aumenta su riesgo ante eventos naturales. Ocurre en Caracas y en el resto de las capitales del mundo, donde se aplica una ecuación simple: a mayor índice poblacional mayor nivel de vulnerabilidad.

Afortunadamente, de forma paralela han crecido los conocimientos técnicos y el número de profesionales formados en el área de ingeniería sismorresistente, o lo que es lo mismo, hay más información en manos de más gente.

Hoy en día, cualquier estructura que se proyecte en el país debe ceñirse a unas normas resultantes de permanente actualización. Es así como el reglamento de 1955 fue reformado en 1967 y rediseñado en 1982, para finalmente ajustarse a una concepción mucho más moderna en el año 2001.

"La norma vigente está en constante proceso de revisión, pues la ingeniería avanza y nuevos conceptos deben incorporarse", detalla Garcés.

Los paradigmas de construcción en Venezuela han articulado a sus principios elementales una filosofía de diseño sismorresistente de acuerdo con la cual las estructuras deben estar preparadas para resistir movimientos telúricos, desde pequeños sismos rutinarios e imperceptibles hasta terremotos excepcionales y de grandes liberaciones de energía.

Así lo estipulan los fundamentos básicos de las normas sismorresistentes venezolanas, que indican que bajo movimientos sísmicos menores o frecuentes sólo pueden aceptarse daños no estructurales depreciables que no afecten la funcionamiento y operación de la estructura.

Asimismo, precisa que bajo movimientos sísmicos moderados u ocasionales, las edificaciones podrán sufrir daños moderados en sus componentes no estructurales (ventanas, paredes, techos y vidrios) y daños muy limitados en sus componentes estructurales.

Por último, prevé que producto de un movimiento sísmico especialmente severo y excepcional -como el que devastó Caracas en 1812- la posibilidad de derrumbe sea mínima, aunque la reparación de la edificación sea económicamente inviable.

Garcés explica que tales previsiones parten de un concepto sismorresistente y no antisísmico, ya que los movimientos del suelo no se pueden predecir ni evitar, y subraya que el fin primario es que incluso ante una sacudida muy fuerte las estructuras se mantengan en pie.

"Si se daña severamente pero no colapsa logramos el objetivo de la filosofía sismorresistente: salvaguardar, incluso en el peor de los escenarios, la vida de quienes habitan el inmueble", puntualiza.

Normas para la autoconstrucción

La implementación por décadas de un modelo económico capitalista derivó en una realidad social que hoy comienza a paliarse pero no puede taparse con un dedo. Así lo sostiene el presidente de Funvisis, quien atribuye a ese sistema el crecimiento acelerado, desordenado y no planificado de las ciudades venezolanas.

"Un sector del país, que tenía dinero para adquirir residencias más estables y seguras, resultó beneficiado por el desarrollo creciente de la ingeniería; mientras la otra parte, carente de recursos, vino a la ciudad a trabajar y no encontró planes de vivienda que dieran respuesta a su demanda habitacional", relata.

Las circunstancias obligaron a quienes venían del interior a ubicarse en zonas geológicamente riesgosas e inadecuadas para la construcción, y levantaron edificaciones bajo criterios empíricos y populares en los cuales no intervino el conocimiento sismorresistente.

"Que hoy miles de personas habiten viviendas potencialmente vulnerables es una herencia del modelo capitalista, que privilegió a un sector en desmedro de otro", subraya.

En contraposición a esta realidad, Funvisis articuló sus proyectos con las directrices de la nueva geopolítica nacional, insertas en el Plan de Desarrollo Simón Bolívar 2007-2013, y estableció como lineamiento fundamental la reducción de la vulnerabilidad de la población ante eventos adversos, entre ellos los sismos.

Actualmente, se inician estudios e investigaciones a microescala para precisar detalladamente el comportamiento de áreas específicas y su respuesta ante un evento telúrico, y así identificar los problemas de habitabilidad en estructuras de alto riesgo.

Una vez evaluado el sistema estructural de las viviendas populares -tanto en las zonas rurales como en los barrios que bordean las laderas de los cerros- Funvisis propondrá mejoras y reforzamientos que optimicen su desempeño ante un posible sismo.

Dichos estudios prevén también que los nuevos sistemas constructivos cuenten con una certificación sismorresistente de acuerdo al potencial movimiento de la tierra donde estarán asentados.

"No hacemos nada reforzando viviendas ubicadas en zonas de alto riesgo en las que el suelo se va a deslizar. De allí la importancia de que las investigaciones abarquen tanto el estudio geológico como las estructuras", precisa.

Garcés explica que la meta es atender específicamente a quienes han autoconstruido sus viviendas bajo sistemas de mampostería y que no necesariamente están en terrenos inestables, por lo cual pueden reforzarse y tener un mejor desempeño sismorresistente.

"La mampostería estructural, mayormente a base de bloques y algún elemento confinante, es un sistema constructivo que utiliza mucho el venezolano y que presenta un comportamiento frágil pero mejorable", dice, en referencia a los estudios que avanzan en su fase inicial pero que empiezan a arrojar resultados.

Hasta el momento, sólo las estructuras de concreto y acero atienden a un reglamento sismorresistente, por lo cual Funvisis trabaja en que también la vivienda popular cuente con sus propias normas técnicas y, adicionalmente, éstas sean vertidas en un instrumento accesible para la población.

"Vamos hacia los que ya construyeron y hacia los que van a construir, y aspiramos a que en aproximadamente dos años todo el que lo desee tenga acceso a este conocimiento acerca de cómo construir y hacerlo bien".

Inversión en prevención

Mejor prevenir que lamentar, adagio que a diario se escucha pero no siempre se lleva a la práctica. En Funvisis, ésta es la máxima que desde hace tiempo procuran hacer extensiva a la población a través de diversos mecanismos.

"Vemos con alegría y orgullo las cuantiosas inversiones hechas en materia preventiva, desde estudios, investigaciones y formación de talento humano hasta programas didácticos con las comunidades sobre cómo actuar ante un evento sísmico", detalla.

Garcés sostiene que una mirada comparativa entre la Venezuela de hoy y la de hace diez años permite apreciar el notable avance en prevención, y asegura que el desembolso hecho durante el último año para tal fin -superior a los 10 millones de bolívares fuertes- sobrepasa con creces los aportes globales de décadas anteriores.

"Adicionalmente, contamos con cuerpos de seguridad y protección civil plenamente capacitados para atender contingencias, gracias a un sistema de alerta que, si bien es perfectible, funciona y presta un servicio eficiente", agrega.

Funvisis trabaja en la masificación escolar de contenidos preventivos ante eventos telúricos, para lo cual articula con el Ministerio del Poder Popular para la Educación en la incorporación de esta asignatura dentro del currículo estudiantil, lo cual redundará en la creación de una cultura sísmica sólida.

De forma paralela, desarrollan un plan nacional de capacitación docente y ofrecen adiestramiento constante a comunidades y centros de trabajo, pero reconoce que son planes que desde Funvisis tienen un impacto reducido.

"Hay que hacer transferencia del conocimiento al poder popular, que sean las comunidades organizadas quienes planifiquen y gestionen su desarrollo para mitigar los riesgos y sean menos vulnerables ante situaciones de amenaza", propone.

De acuerdo con Garcés, contar con un plan de acción y conocer el fenómeno, las características del suelo y la estructura que habitas, sin dejarse llevar por tendencias alarmistas, es la mejor manera de prepararse y saber actuar ante un sismo.

"Avanzamos conscientes de que la premisa es vencer ese viejo modelo económico que atendió sólo a una parte de la población, incluyendo a quienes han permanecido al margen y beneficiándolos con el desarrollo de la ingeniería sismorresistente. Es un compromiso social", puntualizó.

Cortesía de ABN/Lena Jahn

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