El 11 de junio de 1641 ocurrió el Terremoto de San Bernabé

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La primera catástrofe de la capital

Caracas. 11-06-2018

El 11 de junio de 1641 un potente sismo de magnitud estimada de 6,3 (Fiedler, 1961) afectó Caracas y La Guaira. Se trata del primer terremoto histórico que afecta la ciudad capital. Este sismo que atemorizó a los caraqueños, se registró entre las ocho y nueve de la mañana.

En aquel tiempo, en la ciudad existía el típico loco de todos los pueblos, el cual habría tenido la visión del terremoto y anunciándolos en versos. José Antonio Calcaño, músico y divulgador cultural de la época, es quien recoge en una bella crónica la premonición fatalista del loco Saturnino, a quien una muchacha de entonces molestaba con el nombre de "Ropasanta".

No se sabe del por qué le llamaban Ropasanta, pero el loco andaba de lugar en lugar cantando versos. Once días antes del evento telúrico, Ropasanta comenzó a caminar las calles de la tranquila ciudad de Caracas cantando "Que triste está la ciudad, perdida ya de su fé, pero destruida será el día de San Bernabé, quien lo viviere lo verá". Un día antes del terremoto, víspera de San Bernabé, Ropasanta abandonó la ciudad y se refugió en el cerro de El Calvario, desde donde contempló la ciudad destruida con sus sobrevivientes enloquecidos.

Según las fuentes históricas el saldo fatal del terremoto fue de 54 muertos en Caracas y 30 en La Guaira. El obispo fray Mauro de Tovar relató el suceso de la siguiente manera: “… El día de San Bernabé, once de junio de 1641, entre las ocho y media y las nueve de la mañana, tembló la tierra grandemente e hizo en esta ciudad de Santiago de León de Caracas y en su puerto de La Guaira un destrozo miserabilísimo. No hubo casa, una ni ninguna que no viniese totalmente al suelo o no hiciese tan grande sentimiento que se pueda en muchos tiempos vivir. La iglesia mayor se abrió por diferentes partes, (…) cayó parte de la iglesia del Convento de Las Monjas, cayó casi toda la iglesia de San Francisco…” .

Antes del sismo, la mañana de 11 de junio de 1641, estaba despejada y ningún signo infundía temores en los habitantes del poblado. Ya luego del lamentable terremoto, gritos de espanto y de dolor se escucharon por todas partes, gente despavorida huía en todas las direcciones. Desde ese momento no hubo quietud en la ciudad, sino temores y lágrimas, queriendo huir los que habían sobrevivido a la catástrofe. Pero mientras que unos abandonaban sus hogares reducidos a escombros, otros se ocupaban de salvar a los heridos que habían quedado bajo las ruinas.

En los momentos de la catástrofe, el prelado, que estaba en la Catedral, al sentir bambolear las paredes y crujir los techos se escapó salvándose como podía y salió a la calle, donde tropieza con parte de las personas que clamaba misericordia. Se vinieron al suelo la Catedral, parte de los conventos de San Francisco y San Jacinto, el primer hospicio de los Mercedarios, ubicado en la actual esquina de Amadores, en La Pastora y el Hospital Real de San Pablo, al sur de la ciudad.  

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